Ya no late como antes, ya no es tan energetico, ni surge ya con esa espontaniedad del verbo amar como antes cuando te encontrabas a dos palmos de esa persona. Late y deslate, rie y llora, ama y odia, razona y enloquece tu corazon cada dos por tres.
No aprende de los duros golpes de algunas de esas palabras que indirectamente te atacan sin piedad, taponando tus ventriculos impidiendo asi el riego sanguineo.
Ni reacciona a las caricias de su voz. Le es dificil seguir el ritmo de los latidos ajenos y continuamente pierde el son, el tic-tac, el pupum pupum.
Se aisla, se encierra en su caja toracica, inquieto. Quiere antidepresivos para ser de nuevo aquel bombear que a todo el mundo encandilaba pero enfurece al no recordar el camino que habia de analizar para que lo medicaran.
Llega un momento que ni recuerda ya la voz, el olor, el sabor, el tacto, el rostro de el, y se acelera ante sus malditas lagunas de corazon. Se irrita al no conocer quien es el que aparece en el reflejo de su alma.
Un dia despierta, dentro de un cuerpo que no reconoce, con un amor inexistente y un latir que no entiende de razones...
Y es que quien lo ha sufrido sabe de lo que hablo, de esa perdida de energia, de espontaniedad, los trastornos del sueño, los cambios de humor, la apatia, la dificultad para aprender y reaccionar, la irritabilidad, inquietud y ese estado de depresion constante, pero sobretodo la sensacion de recordar cada dia un poco menos. Son estas los sintomas de lo que se llama alzheimer, alzheimer de corazon herido...
Nora Camaño Berrocal.
Necesitas una abrazo
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